El siguiente texto es un ejercicio de escritura, el cual consta de la creación de un cuento a partir de la inspiración proporcionada por una canción.
Espero que lo disfruten!
La mente del “Doctor horror”
Una mañana en la ciudad de Boston de 1978 se observaba movimiento cerca del tribunal metropolitano; allí se daría continuidad a uno de los juicios más interesantes de los últimos años.
La primera persona que hace su llegada al lugar es el conocido Juez John Williams, famoso por su carácter implacable a la hora de sentenciar a los criminales.
Acto seguido realizan su entrada al recinto los individuos que fueron escogidos aleatoriamente como jurado para este caso.
Los periodistas, atraídos por la tensión y la novedad de la investigación de una serie de crímenes horribles cometidos recientemente, se encontraban amontonados en la entrada.
Minutos después de la llegada de los miembros del jurado, se observa un vehículo negro escoltado por policías motorizados que se acerca al lugar. Ya todos saben quién viene allí; la tensión se mantiene hasta que, luego de detenerse el automóvil, de él baja el que todos estaban esperando, el hombre que causa conmoción en las cadenas más importantes del momento, el cual se encontraba detenido desde hace varios meses por su presunta implicación en una serie de asesinatos.
Era un tipo de contextura gruesa, tamaño promedio, edad moderada, con cara de persona inteligente, graduado de medicina con honores en la Universidad de Harvard. Es un hombre que además es uno de esos individuos de los que se piensa: “no lastimaría ni a una mosca”; de hecho así era calificado por sus familiares y vecinos. Llevaba por nombre Harold Wayne y era apodado por los medios como “El Doctor horror”.
Ya eran las once y media de la mañana, era hora de darle comienzo al juicio. Todo inició con normalidad, con los ritos que se hacen en los actos de apertura de los tribunales. Los presentes tomaron asiento luego de la orden del Juez y se dio inicio al proceso.
Luego de unas cuantas horas, después del paso de forenses, investigadores, amigos del acusado, familiares y “testigos” por el estrado, se hace el llamado a la persona de la que todos querían escuchar su versión de la situación. Así, Harold es convocado a dar su paso al frente, éste accede a la propuesta; acto seguido se juramenta y toma asiento.
El silencio en el lugar era impresionante, todas las miradas postradas sobre el “criminal”. Así pasó un tiempo hasta que el Juez Williams dirigió su palabra hacia el acusado. Le preguntó francamente cómo había llegado allí, cuál era su opinión y versión de la situación; esto debido a que su señoría ya estaba cansado de tantos rodeos y qué mejor que escuchar la versión del hombre que se encuentra sumido en tal situación.
Su primer comentario fue que logró lo que deseaba, generar noticias por todo el mundo y mostrar otro lado del ser humano, ese lado cruel y despiadado que lo puede llevar a cometer horrores.
Todo el mundo escuchaba, nadie tenía las intenciones de interrumpir a Harold sino esperar a que él callara solo.
Su siguiente comentario fue directo sobre lo que estaba siendo acusado. Dijo que no llevaba la cuenta de cuantos pacientes había tenido la satisfacción de ver morir a su merced. Explicó que habría sido fenomenal que no lo hubiesen descubierto y que si no fuese por eso aún estaría cometiendo sus crímenes.
Sus acciones siempre fueron fríamente calculadas y no tenían ningún margen de error aparente; de manera que el equipo forense de la policía, que había estado investigando la serie de crímenes ocurridos en la ciudad desde hace dos años y medio, no tuviera forma de reunir pistas en su contra.
Relató que todo tuvo inicio en el parque Blue Hills, ubicado justo en frente del tribunal, cuando observó a un niño jugando a operar a un lagartijo, cosa que él también hacía en su juventud. De allí surgió la idea de “jugar” con algunos de sus pacientes y así poder viajar a esos tiempos mágicos de la infancia; además ahora con equipos quirúrgicos a su alcance todo sería mucho más real y divertido.
De allí surge la primera interrupción a sus comentarios, cuando el Fiscal siente la necesidad de preguntarle cómo llevaba a cabo sus actos, si eran planificados.
Wayne responde que obviamente eran planificados, la verdad es que para él eran como obras de arte las cuales eran previamente bosquejadas. Todos los detalles tenían que ser planificados: cómo iba a ser realizado, la fecha, dónde se desharía del cuerpo de la víctima. También señaló que particularmente no tenía ninguna preferencia a quién o cómo asesinar, le parecía que si era variado tendría un toque algo más interesante.
Además mencionó que todas sus víctimas fueron pacientes suyos alguna vez, todos pasaron por el consultorio donde ejercía por los momentos, ubicado en el Hospital General de Massachusetts de la 55 Fruit Street.
También contó que no había nada de especial en el proceso de realización de su obra. Lo que hacía era sedar al último paciente del día y llevarlo a su casa, aprovechando que el tráfico de personas a esa hora en el Hospital era considerablemente más bajo. Comentó que tenía una mesa en el sótano preparada para sus experimentos. Confesó además que los instrumentos fueron sustraídos ilícitamente del Hospital así como algunas drogas de uso medicinal.
Todo era planificado en base a mantener su identidad secreta, evitando dejar rastros suyos y borrando todos los archivos de cada paciente de su historial médico, obviando así todo tipo de datos que lo pudiesen relacionar con la víctima, prescindiendo además de tener que lidiar en algún momento con policías preguntones.
Otro detalle interesante era hacerlo todo sin que sus familiares se dieran cuenta de ello, por tal razón no dejaba que nadie bajara al sótano y realizaba todas sus acciones de la manera más precavida posible. Pero eso era una tarea un poco menos complicada que el resto, ya que cuando él llegaba de su trabajo tanto sus dos hijos, Paul y Cynthia, como su esposa, Julia, estaban durmiendo desde algunas horas atrás. Sin embargo, siempre estaba presente el miedo a ser descubierto por ellos y a ser delatado por alguno de los miembros de la familia.
Su último comentario ante el público fue que lamentaba no haber podido continuar con sus actividades, pero que ya se había cansado de tantas preguntas y de todo el proceso que había tenido que pasar hasta ese día; por ello fue que tomó la decisión de confesar directamente ante el jurado y declararse culpable de todos los crímenes de los que estaba siendo acusado.
A continuación se retiraron los miembros del jurado para deliberar sobre la situación. Sólo les tomó unos diez minutos, ya que el mismo acusado se había hundido sin ayuda de nadie más. Por consiguiente fue hallado culpable, sentenciado a cadena perpetua y enviado directamente a la parte de máxima seguridad del Complejo Correccional Federal Allenwood en Pennsylvania.
De esa manera culminó el caso del “doctor horror”, asesino de 47 personas y uno de los más comentados por los medios en los últimos tiempos. Famoso no sólo por la cantidad de muertes que posee en su cuenta sino también por ser su familia parte de ella; motivo por el cual se inició la investigación en su contra y por el cual fue juzgado.
Así el mundo pudo conocer la manera en que funcionaba la mente macabra de Harold Wayne; un ejemplo de, como él mismo comentó ante los presentes del juicio, cómo el hombre puede llegar a cometer horrores inimaginables generando terror en algunos y satisfacción para sí, lo que hace del pensamiento y el comportamiento humano algo inentendible y retorcido para muchos.

Inspirado en la canción “Serial Killer” de Slash’s Snakepit
Aquí les dejo el enlace para que escuchen la canción, es muy buena,
disfrútenla: http://www.youtube.com/watch?v=VrVgLt15XBI
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